Pasé 6 años de mi vida estudiando medicina, 5 años realizando una residencia médica, y lo volvería a hacer, hoy como ex residente voy a hablar un poco de esta experiencia, dando quizá un marco histórico y teórico a lo que a mi entender es una etapa inolvidable y necesaria en la vida de todo médico, y el lugar en la que esta etapa se desarrolle es aun mas importante porque es el pilar en este sistema educativo, cuya premisa es aprender a través del trabajo, momento en que todos los conocimientos médicos adquiridos en la facultad, serán volcados para así adquirir experiencia práctica, capacitación técnica, desarrollando el ojo clínica y el carácter de médico y convertirse finalmente en un profesional idóneo, herramienta útil para la sociedad.
La actividad de los residentes debe estar perfectamente regulada, sin dejar librado su desarrollo a la improvisación. Una distribución balanceada entre las tareas prácticas y las actividades académicas, con predominio de las primeras. Si bien el sistema de residencias médicas no tiene como objetivo prioritario una labor asistencial, la presencia de los residentes en los servicios hospitalarios contribuye de inmediato a mejorar el rendimiento puramente asistencial, acortando el tiempo de internación, brindando atención médica a los pacientes internados las veinticuatro horas del día, así como sirviendo de orientación y consulta al personal.
Alguna vez leí por ahí que hay tres elementos que influyen en el éxito del sistema: la planta física, la organización asistencial y el factor humano. Así como la falta de convicción, vocación e interés amenazan con el fracaso, una atmósfera de cooperación, sed de conocimientos, amor por la medicina y disposición incondicional para cuidar al paciente, aseguran el éxito.
Tiene que existir, necesariamente, un sentido de pertenencia al hospital a una de sus dependencias para intentar acordar un arreglo coherente a los múltiples problemas de las relaciones humanas que se presentan a diario.
En nuestro país, en el año 1944, como consecuencia de las dificultades para continuar la observación de casos clínicos que exigían la aplicación de medicamentos durante toda la jornada, y como una exigencia para obtener datos avalados por una persona responsable, el doctor Tiburcio Padilla (1894-1963), introdujo los cargos de médico residentes, la primera institución que contó con médicos residentes fue la sala IV del antiguo Hospital de Clínicas, sede del Instituto de Semiología. Lo que fue inicialmente un ensayo adoptó luego un carácter definitivo cuando el 2 de Diciembre de 1952, el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina sancionó una ordenanza que fue aprobada por el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires el 3 de junio del año siguiente. El horario de trabajo se extendía entre los 8 y las 20 horas. El médico residente estaba a cargo, de la asistencia de los setenta enfermos internados y vivía en el hospital, disponiendo de un dormitorio y pudiendo almorzar y cenar en el.
Hasta el momento tanto a nivel nacional como internacional, ningún otro modelo de postgrado ha demostrado tener alguna ventaja sobre la residencia. Desde hace más de cuatro décadas se ha demostrado las ventajas y beneficios del sistema de residencias para la formación de médicos y la organización hospitalaria y asistencial.
El lugar donde haces la residencia te marca, es el lugar donde transcurrirán tus días, como mínimo 4 años, donde todas las experiencias te enriquecerán.
Es ese sentido de pertenencia el que te lleva a involucrarte en todo lo referente a tu hospital y así poder desarrollarte no solo en lo profesional sino también en lo personal.
Tuve la suerte de formar parte de un equipo de trabajo gigante que es el grupo de profesionales y no profesionales que habitan y dan vida al sanatorio Dr. Julio Méndez, lugar donde por elección complete mi residencia y del cual aun me siento parte. Donde pude trabajar con total libertad, donde pasaba días enteros y no me importaba, desde tomar mates y charlar banalidades hasta compartir el llanto por el cansancio y la frustración. Donde nunca note la diferencia entre un médico especialista y un medico en formación, donde todos te llamaban por un sobrenombre, algo cotidiano, familiar, donde eras parte de una familia y no uno más, donde representabas un eslabón más que importante para el sostén institucional, donde siempre encontrabas a alguien para que te ayude, donde cada uno ponía su granito de arena para el bienestar del paciente, donde aprendí a cuidar y curar, a consolar, a pensar lo que se hace y decir lo que se piensa, donde me enriquecí de conocimientos ajenos, médicos, sociales, personales, políticos, gremiales…etc.…y así fui tomando y transformando lo que a mi formación le era de utilidad…Lugar del que tengo muy gratos momentos y mil anécdotas, lugar al que siempre voy a pertenecer desde donde este…y al que le estaré agradecida…y realmente si tengo que elegir un lugar para volver a empezar lo eligiria porque creo que cumple con todas las condiciones para que un sistema de residencia se lleve a cabo así como el sanatorio se nutre de la residencia la residencia se nutre del sanatorio.
Y para terminar no puedo dejar de mencionar a los que terminan esta etapa, ya que al dejar el hospital lo acechan una cantidad de limitaciones y riesgos. Ya no será posible seguir participando de esa experiencia Única, irrepetible e inolvidable que constituye la residencia. El contacto diario y cercano con el paciente, la posibilidad de observar y seguir la evolución de los enfermos, contar con el apoyo y asesoramiento de médicos con mayor experiencia, que han hecho que este período de nuestras vidas constituya una experiencia formativa. Para algunos de nosotros la tarea del hospital ha terminado. Al completar la residencia elegiremos rumbos y destinos diferentes. No olvidemos que los comienzos siempre han sido difíciles, y esto es un volver a empezar pero ahora con otras herramientas.
Es necesario continuar fomentando el sistema de residencias medicas, crear un modelo acorde a la realidad social, sembrar desde los comienzos de la carrera la curiosidad por aprender, el contacto con el enfermo, y desde ya continuar con la lucha para que este sistema continúe significa también que sea reconocido como tal en todos los aspectos y que siendo un sistema de dedicación exclusiva y necesario para la capacitación de profesionales sea suficiente para vivir.
Para todos aquellos que inician, terminan o transitan hoy la residencia, a todos aquellos profesionales y no profesionales que continúan trabajando y forman parte del sanatorio les dejo esta frase para continuar en difícil y grato camino del arte de curar…rearmando la medicina humanística y social.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.
Mario Benedetti
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